La D.O. Manchuela pide un debate «completo y riguroso» sobre el vino que tenga en cuenta también su impacto social, cultural y económico

Composición gráfica con la silueta de una copa de vino y un corazón recortados sobre una vista aérea de viñedos en La Manchuela, simbolizando el arraigo del sector vitivinícola y su impacto en el desarrollo rural.

La D.O. Manchuela pide un debate «completo y riguroso» sobre el vino que tenga en cuenta también su impacto social, cultural y económico

Albacete, 23 julio 2026.

La Denominación de Origen Manchuela ha hecho un llamamiento a ampliar el debate público sobre el vino para incorporar, junto a la evidencia científica sobre los efectos del alcohol en la salud, otras dimensiones «igual de objetivas» como su contribución al empleo, la economía, el paisaje y la conservación del medio rural.

La entidad subraya que las recomendaciones de las autoridades sanitarias internacionales deben ser conocidas y respetadas por la ciudadanía. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recuerda que el alcohol está asociado a un mayor riesgo de desarrollar diversas enfermedades, incluido el cáncer, y que ningún nivel de consumo puede considerarse completamente exento de riesgo.

«Ese es un hecho científico y no corresponde a una denominación de origen discutirlo«, señalan desde la D.O. Manchuela.

Sin embargo, consideran que centrar toda la conversación pública exclusivamente en esa perspectiva ofrece una visión incompleta de un producto que representa mucho más que una bebida.

Un sector estratégico para el medio rural

España cuenta con la mayor superficie de viñedo del mundo, con alrededor de 930.000 hectáreas, y el sector vitivinícola constituye una de las principales actividades económicas de numerosas zonas rurales.

Además de la producción de vino, la cadena de valor integra a miles de viticultores, cooperativas, bodegas, empresas de transporte, industria auxiliar, distribuidores, establecimientos de hostelería y operadores turísticos.

Según la Organización Interprofesional del Vino de España (OIVE), la actividad vitivinícola genera una importante aportación económica y un elevado volumen de empleo directo, indirecto e inducido, especialmente en municipios donde existen pocas alternativas productivas.

En territorios como la Manchuela, el viñedo desempeña además una función estratégica para fijar población, mantener la actividad agraria y preservar un paisaje construido durante siglos.

El vino también forma parte del patrimonio cultural

La Denominación recuerda que el vino constituye uno de los elementos más representativos de la cultura mediterránea y forma parte de un patrimonio que trasciende al propio producto.

Tradiciones, gastronomía, arquitectura, fiestas populares, enoturismo o recuperación de variedades autóctonas conforman un ecosistema cultural y económico que difícilmente puede desligarse de la historia de numerosos territorios españoles.

«La conversación sobre el alcohol es necesaria. Pero también lo es reconocer que detrás de cada botella hay agricultores que cuidan el territorio durante todo el año, empresas que generan empleo y pueblos cuya economía depende, en gran medida, del viñedo«, señala Manoli Santiago, Técnico de la D.O. Manchuela.

Compatibilizar salud pública y desarrollo rural

La Denominación insiste en que no existe contradicción entre apoyar las campañas de información sanitaria y reivindicar el valor del sector vitivinícola.

«Podemos compartir la necesidad de promover un consumo responsable y, al mismo tiempo, poner en valor la contribución que realiza el vino al desarrollo económico, la cohesión territorial y la conservación del patrimonio agrícola y cultural de nuestro país.«

La entidad considera que el reto pasa por evitar mensajes simplificados que identifiquen el vino exclusivamente con el alcohol, del mismo modo que sería insuficiente analizar cualquier otro producto agroalimentario sin tener en cuenta el impacto que genera sobre el territorio y las personas que lo producen.

Una reflexión que va más allá del vino

La D.O. Manchuela concluye que el debate actual ofrece una oportunidad para reflexionar sobre el papel de la agricultura en la sociedad.

«Cuando desaparece un cultivo tradicional no solo deja de producirse un alimento o una bebida. También se pierde empleo, biodiversidad, conocimiento, paisaje y oportunidades para muchas familias. El futuro del medio rural depende, en buena medida, de que sepamos reconocer ese valor.«

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